22 octubre 2009

Fragmentos de calles

I

Silencio.

II

A) En lo a alto se ve,
aquella nube gris encerrada
esas colosales murallas de bajo verde seco
que invitan a un rechazo tan perceptible que agrede.

Trasladados como ganado
ese valle olor petróleo, concretado
hiendo de basura, usura y ternura
de esa gente que para sobrevivir
debe mendigar una fritura cocida
en aceite y sangre.

Distante del mar.
Esa agua esquiva socava al hombre,
y es aquel estero barroso
que surca aquella línea grotesca
sobre el centro bizarro
extasiado como un animal en celo
atorado de musgo y fierro.
Cemento y madera.

Bajo la tierra, en lo oscuro
es el gusano corroído que desfila
peligrosamente sobre cables y cabezas
hacia el fin del mundo, en el mar
hacia la cordillera: en lo bajo.
Aquel chirrido inerte del movimiento
es el que parte mi cabeza en lo terminal

B) Sopesando términos excluyendo conceptos
sentado frente a una mesa, es mi vida
la que se pierde aquí, donde converge
el conocimiento que acumula la historia
de distantes reencuentros entre mi vida y tú
Pero yo como ser, no soy
yo solo soy transito, tan solo un ir en devenires
tú, yo y él somos acordes frente
al sordo hombre que no creó nada más que
su inevitable presencia acólita que cansa.
Y yo muriendo

C) Edificios que rebozan bestias,
así copulan las gentes que consumen
frenética en la escalada del dolor
mientras el niño juega en la población
con su pelota de trapo, su gato y un perro
aun cuando la niña haya muerto atravesada
por esa necesidad perenne de acaparar.

III

D) En los ascensores divinos
se viaja hacia arriba,
al pasado al futuro de los 500 años
donde el puerto seguirá igual
de aquel barco que nunca llegó
de aquella sombra nebulosa del horizonte
cual Caleuche colonizador
frente al invisible submarino.

Tu arcoíris tecnicolor en sepia no brilla
ya es el oxido de los ciclos, tu color preferido
frente al anaranjado fierro que corre por tus venas
llenando el espacio interior de mi vista.
Corro para abrazarte, pero te desvaneces
como la briza que te acurruca todas las mañanas
es el manto del tiempo inexorable
que te tiene tácito junto a mí.

E) Las araucarias milenarias llenan
aquel cementerio de mi alma
cuando el joven guerrero, aun no nacía
cuando ella se enamoró de él
cuando los españoles aun no llegaban
en el sueño de Galvarino antes de morir.

El sueño del español que con su espada rompió
una a una la araucaria, el alma de la machi, la esencia del guerrero
cercenando con la mano abierta los sueños de libertad.

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